
Si en este país se te ocurre mentar al padre, tienes que medir muy bien cuándo, cómo y dónde lo haces… “Señor, Patxi López si se levanta su padre y ve lo que ha hecho usted, le aseguro que no se lo perdonaría jamás…“. Alberto Núñez Feijóo le soltó esto al portavoz socialista en el debate del miércoles pasado. Y luego, se piró para ponerse a cubierto. Ay…
La alusión de Feijóo en el debate del pasado miércoles al histórico dirigente socialista vizcaíno Lalo López, propicia una respuesta de su hijo en la que se encierran muchas claves
Si en este país se te ocurre mentar al padre, tienes que medir muy bien cuándo, cómo y dónde lo haces… “Señor, Patxi López si se levanta su padre y ve lo que ha hecho usted, le aseguro que no se lo perdonaría jamás…“. Alberto Núñez Feijoo le soltó esto al portavoz socialista en el debate del miércoles pasado. Y luego, se piró para ponerse a cubierto. Ay…
“Lamento que no esté aquí el señor Feijoo”, comentó López al subir a la tribuna después. “Para que yo le acepte que hable de mi padre, tendría que nacer tres veces. Una por las que le dieron de hostias en las comisarías de este país. Otra, por las que estuvo encarcelado. Y otra, por el destierro que tuvo que soportar por defender la libertad”.
En medio de las ya consabidas hipérboles sobre Pedro Sánchez, quemados los argumentos de tanto machacarlos contra el gran líder. Un poco sobró al creer que las circunstancias lo llevan al vuelo hacia Moncloa pese a que le cuesta convencer a propios y ajenos, Feijoo abrió otro frente sin calibrar bien las consecuencias de quien es capaz de responderle con una bofetada dialéctica bien contundente para ponerle de nuevo en ese sitio que no ocupaba, como casi siempre.
A López no le hicieron falta muchas más frases para dejárselo meridianamente claro. A él y a quienes in situ y después lo hemos escuchado, por ejemplo, en varios reels. “El fundador de su partido, de quien dice el señor Feijoo que es su heredero orgulloso, formaba parte de la dictadura que le encarceló, que le desterró y que fusilaba a la gente de este país. Tápese un poco y deje de ser tan ruin”. La bancada, en pie. Y no fue para menos después de esa clase de historia reciente ante quienes aún no han entendido del todo la situación.
Traer a la memoria con ánimo ejemplar a un padre cuando lo que necesitas es obviar los pasados que sin mucha raigambre democrática te empeñas en reivindicar, hace que corras el riesgo de caer en ridículo. No ante quienes jalean la ignominia, sino ante las mayorías decentes o ante quienes buscan mínimos argumentos de clavo ardiendo para resistir. Tocas fibras muy sensibles, desatas reacciones que pueden mover pasiones demasiado volcánicas. Incluso ganas de votar a quien duda y se lo está pensando para que se reboten quienes lo tienen tan claro, como ocurrió ya en las últimas elecciones.
Eduardo López Alvizu, más conocido como Lalo, fue una figura fundamental en los años finales de la resistencia contra el franquismo. Se afilió al PSOE y la UGT en la clandestinidad, se convirtió en dirigente en Vizcaya, jugó un papel importante en el Congreso de Suresnes —el que aupó en 1974 a Felipe González— y, como recordó su hijo, sufrió las consecuencias a lo bestia con varias palizas, algunas detenciones o el destierro. Todas esas barbaridades por las que algunos sienten nostalgia y se empeñan en reivindicar como programa revanchista de Gobierno cuando lleguen al poder a lomos de la tibieza que destila, entre otros, el propio Feijoo.
Mentar al padre en medio de este acoso y derribo motiva a cantar bien las cuarenta. Hacerlo improvisada y frívolamente, pronunciar el conjuro sin calcular el más mínimo atisbo de las consecuencias te lleva a descarrilar. En el caso de Feijoo, supongo que quienes le asesoran prefieren que lea sus previsibles consignas y sus eslóganes a que se motive solo y rompa su cruda frialdad con una ocurrencia fuera de sitio.
El debate fue bronco, la oposición ha logrado por tierra política, mar judicial y aire mediático arrinconar al Gobierno, incluso quebrando el ánimo de sus socios más endebles. Sobre todo, a un presidente tocado a quien vemos cada día más en los huesos. Los argumentos cedidos por parte de los socialistas con hechos por medio de grandes cagadas y una corrupción entre algunos de sus cuadros difícil de sostener, les llenan de razones. Pero cuando tienes todo a favor, mejor contenerte y seguir esperando —ya debe de quedar poco, apenas meses para una convocatoria de elecciones— a dar motivos torpes para rearmar conciencia con algo tan delicado como mentar al padre en el momento y el lugar menos adecuado.
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