Nunca fue fácil ver The Bear. La primera temporada de esta historia que nos adentra en las estresantes cocinas de un restaurante familiar era un duro retrato de la ansiedad y el duelo. Su ritmo frenético y la angustia que transmitía llegaron a expulsar a algunos espectadores. Quienes aguantaron vivieron una experiencia inmersiva y adictiva. El nivel de esta serie creada por Christopher Storer era tal que con su primera temporada batió el récord de nominaciones a los Emmy para una comedia (¿comedia?) debutante. Logró 10 premios, marca que batió en la segunda entrega, con 11 estatuillas (The Studio le robó poco después el récord como comedia más premiada en un solo año con 13 galardones). Tras dos temporadas a gran nivel, las dos siguientes bajaron un listón que la propia serie había puesto quizá demasiado alto.

Una última entrega más compacta, centrada, divertida y muy emotiva da respuesta a todas las preguntas. ¿Consiguen la estrella Michelin? ¿Abandona Carmy la cocina? Un aviso: quien quiera conocer el final, puede leerlo en los últimos párrafos; el resto de esta crítica discurre sin destripes
Nunca fue fácil ver The Bear. La primera temporada de esta historia que nos adentra en las estresantes cocinas de un restaurante familiar era un duro retrato de la ansiedad y el duelo. Su ritmo frenético y la angustia que transmitía llegaron a expulsar a algunos espectadores. Quienes aguantaron vivieron una experiencia inmersiva y adictiva. El nivel de esta serie creada por Christopher Storer era tal que con su primera temporada batió el récord de nominaciones a los Emmy para una comedia (¿comedia?) debutante. Logró 10 premios, marca que batió en la segunda entrega, con 11 estatuillas (The Studio le robó poco después el récord como comedia más premiada en un solo año con 13 galardones). Tras dos temporadas a gran nivel, las dos siguientes bajaron un listón que la propia serie había puesto quizá demasiado alto.
Había expectación por saber qué ocurriría con la quinta y última temporada. Afortunadamente, The Bearha recuperado altura con una despedida que, como un buen postre, redondea el menú y deja el mejor sabor de boca posible. Entre los grandes aciertos de esta entrega, ya disponible al completo en Disney+, está haber reducido su extensión, con ocho capítulos frente a los 10 de las tres tandas anteriores. También ha recortado ligeramente la duración de muchos de sus episodios, con varios de poco más de 20 minutos y solo tres por encima de los 40 minutos.
The Bear ha encontrado su foco. Ya no necesita ampliar el universo a otros lugares y otros personajes con capítulos a modo de flashback, cenas familiares o escapadas a otros sitios, algo que en ocasiones le funcionó muy bien, pero otras veces fue su principal enemigo. Casi toda la acción discurre en un mismo espacio, el restaurante, y en un mismo tiempo, uno de los servicios más caóticos que vive el equipo. Una tormenta tremenda azota Chicago, pero ellos siguen adelante con sus planes y abrirán. Tienen tuberías rotas, un techo se cae a trozos, las despensas están tiritando porque no llegan los suministros, las cucharillas desaparecen, nadie sabe si los comensales llegarán a tiempo o si aparecerán todos a la vez… Y sospechan que en esa mesa que ha pasado de cuatro clientes a dos podría estar quien decidirá si les dan la ansiada estrella Michelin. Es un servicio crucial, nada puede salir mal, y sin embargo, todo, todo está en contra.

Pero los integrantes de esta familia han evolucionado y ya no son los mismos que conocimos en aquellos caóticos y estresantes servicios de la primera temporada. Ahora Carmy (un más relajado Jeremy Allen White, en consonancia con su personaje) está de retirada y ha decidido dejar el restaurante en manos de Sydney (la maravillosa Ayo Edebiri), Richie (es brillante cómo Ebon Moss-Bachrach ha dotado a este personaje de una humanidad salvaje) y Natalie (grande Abby Elliott). La evolución de Sydney la lleva a echarse sobre los hombros el servicio y tirar del carro incluso cuando la ansiedad amenaza con asomar y cuando el desánimo hace mella en el equipo. Ahora hay caos, y estrés, y ansiedad. Pero la norma de Syd es clara: nada de gritos, nada de insultos, se hablarán entre ellos con educación. Y se nota, vaya si se nota.
Los capítulos combinan una tensión acentuada por el desarrollo en tiempo real y esa cuenta atrás siempre presente, con una mayor carga cómica. El humor ahora no asoma solo a través de los Fak, los eternos alivios cómicos de la serie, sino que el ambiente más relajado permite que se cuele por los flancos más inesperados y que se pueda llegar a la carcajada. Incluso la serie se permite guiños metarreferenciales, como cuando la madre de Carmen (ahora una menos histriónica Jamie Lee Curtis) ve una foto de su hijo con Sydney y pregunta a su yerno si son novios. “Creo que no, pero hay ciertas teorías”, responde él en un guiño a esos espectadores que esperaban una relación romántica entre ambos.
También la música, esta vez a cargo del alemán Hans Zimmer, mueve la historia entre la tensión y el thriller que acompaña a ciertos momentos y la emotividad y la calma de otros. Así seguiremos hasta el séptimo episodio, cuando culmina este servicio crítico. El octavo capítulo, de una hora de duración, es un epílogo que comienza un día después y termina avanzando en el tiempo para que los espectadores conozcamos cómo termina todo. Dejaremos eso para los próximos párrafos. Antes, la serie pone en valor una y otra vez la importancia de las emociones y las conexiones humanas. Vuelve a sus característicos primerísimos planos, a los juegos con la luz y los destellos, a flashes del pasado. Sabe que este es el final y va con todo en un homenaje a la propia serie y la evolución de sus personajes. Richie, Sydney, Tina, Marcus, Natalie, Ebra, incluso Neil Fak. Todos tienen su momento. Todos han cambiado y todos brillan. Qué gran viaje el suyo y el nuestro.

¿Cómo termina la serie? Todos los detalles a partir de aquí
Como era de esperar, el servicio del día de la tormenta es un caos, pero todo sale adelante en condiciones aceptables. Consiguen ingeniárselas para ir moviendo los clientes y tener mesa para todos, logran sustituir ingredientes que escasean y aprovechar al máximo lo que tienen, o improvisar sobre la marcha cuando un plato clave cae al suelo. Son un equipo y se ayudan.
¿Seguirá adelante The Bear? Aunque el tío Jimmy no consigue comprar los derechos de vuelo del edificio, el plan de Ebra de franquiciar The Beef les convence y van adelante con ello, con lo que se intuye que el negocio podrá ser rentable económicamente en el futuro.
¿Tendrán estrella Michelin? Durante toda la temporada, Carmy ha estado recibiendo reiteradas llamadas que no contesta. Cuando responde, resulta que es el encargado de decidir si les conceden la estrella o no. Aunque ellos pensaban que había ido la noche de la tormenta, no fue así, aquella fue una mesa normal. El Astronauta, como se refieren a él, había ido hacía meses y llamaba para comunicar su decisión, que es que no les han otorgado una estrella, sino dos estrellas Michelin. El abrazo entre Sydney y Carmy en la sala completamente vacía es el clímax emocional de la temporada y de la serie.
¿Qué es del primo Richie? Ha encontrado su camino en la vida, y el amor. Viajará por primera vez en avión para asistir en Tokio a un seminario. La última imagen de toda la serie es su sonrisa mirando por la ventanilla del avión con Jessica a su lado dándole la mano. Un bonito homenaje a uno de los mejores personajes de The Bear.
¿Abandona Carmen Berzatto la cocina? Sí, sigue adelante con su decisión. Aunque duda a lo largo de la temporada, porque al abandonar el primer plano empieza a sentirse mejor, finalmente, una semana después de la tormenta, le vemos vestido de traje acudiendo a una reunión para incorporarse como becario a un despacho de arquitectura. Poco después, escribirá un último mensaje a su hermano muerto: “Todo bien”.
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