España eclipsada

Los eclipses , esos insólitos momentos en los que la Tierra, la Luna y el Sol se alinean con una precisión milimétrica –el caos y la casualidad han provocado que nuestro planeta sea 400 veces más grande que nuestro satélite, pero que también estemos 400 veces más lejos de nuestra estrella–, fueron vaticinados por primera vez en la antigua Babilonia. Aquel pueblo encontró hace 2.600 años la fórmula matemática que permitía pronosticar, desde su época hasta casi el final de los tiempos, fenómenos que dependen en exclusiva de algo tan inexorable como el devenir de los planetas, sus satélites y las estrellas. Desde entonces, los eclipses ya no son una sorpresa para la Humanidad, que ha dejado de creer que detrás de ese día convertido en noche se esconda un abismo comparable al fin del mundo.Sin embargo, siguen causando tal fascinación y asombro que el fenómeno astronómico que estamos a punto de presenciar cruzando la mitad norte del país ha provocado toda una ‘eclipsemanía’. El fenómeno astronómico ha sido capaz de cosas tan sorprendentes como llenar la España vacía, que alguien pague 18.000 euros por dar un paseo en barco y la creación de una ‘ Comisión Frankenstein ‘ formada por 13 ministerios o la movilización de 33.600 agentes de seguridad para eclipse. La fiebre ha llegado incluso a algo tan aparentemente prosaico como las gafas con las que mirar al cielo, que han convivido entre la enorme demanda de filtros homologados en las semanas previas al eclipse y la alarma por productos que no cumplían los requisitos necesarios.«Hay que vivirlo para entenderlo», explicó a la periodista de ABC Mónica S. Blanco la chilena Lorna Saenz , quien junto a su compañero, Alejandro Arroyo –que ostenta el récord de 23 observaciones de eclipses por todo el mundo–, ha cruzado el charco y recorrido 10.000 kilómetros para llegar al pueblecito palentino de Paredes de Nava, que reunirá a decenas de ‘cazadores de eclipses’.No es el único enclave. Toda la franja que tendrá la suerte de presenciar la totalidad del eclipse ha registrado un lleno total en hoteles y casas rurales, que han visto multiplicados sus precios para esas fechas, con estancias durante el día de las dos noches que se elevan incluso hasta los 22.000 euros en zonas de Baleares. «Desde el año pasado tenía peticiones para alquilar la casa completa para la noche del eclipse», afirmaba Raquel, regente de ‘El Hayedo de los Sueños’, una vivienda de uso turístico que empezó a funcionar hace apenas un año en el municipio de Quintana (La Rioja), según cuenta la periodista de ABC Laura Albor. Este establecimiento es uno de los ejemplos de cómo el fenómeno ha desafiado al ‘ tijeretazo turístico ‘ de la oferta provocado por las restricciones regulatorias, con un crecimiento del 2,5% de establecimientos hoteleros en los pueblos de menos de 100 habitantes.«Lo que necesitamos es responsabilidad»Y mientras, la conocida como ‘Siberia española’ –cuya densidad de población apenas alcanza entre uno y dos habitantes por kilómetro cuadrado– y epicentro del eclipse mira entre la incredulidad y el escepticismo tanta atención repentina. En provincias como Guadalajara, los paradores están reservados desde hace años por fanáticos de los astros y no queda ni una habitación libre, salvo cancelaciones de última hora, con precios que quintuplican los normales. Toda esta gente se sumará a los vecinos que vuelven al pueblo por vacaciones y a los visitantes que se acerquen a la verbena de la fiesta patronal, muchas de ellas concentradas en estos días.Los pueblos de la España vaciada, ya tensionados por el regreso de los urbanitas y las fiestas patronales, se enfrentan con el eclipse a un nuevo reto«En los municipios pequeños no tenemos manera de gestionar esta avalancha de gente», reconocía María Jesús Merino , alcaldesa de Sigüenza y presidenta de la Asociación para el Desarrollo Local Sierra Norte (ADEL Sierra Norte). Su pueblo, con menos de 5.000 censados, se llena estos días con cerca de 20.000 habitantes para celebrar sus fiestas en honor a San Roque, viviendo cada verano un pico estacional que tensiona los servicios públicos. Por esta afluencia de gente, Merino prefería no dar más publicidad a las actividades previstas para el día del eclipse. «Ahora mismo no necesitamos más promoción, nosotros estamos llenos; lo que necesitamos es que la gente que ya tiene reservado venga con responsabilidad», insistía.Una situación que se repite por muchos de los pueblos de las trece comunidades, de Galicia a Baleares, que verán eclipsarse el Sol desde sus dominios. El mismo número de ministerios que el Gobierno ha incluido dentro de la Comisión Interministerial del Trío de Eclipses (CITE), que desde el pasado año lleva reuniéndose periódicamente, aunque sin contar con un euro de presupuesto. « No tiene parangón con ningún evento o acto anterior», explicó a ABC el responsable de la CITE y secretario de Estado de Ciencia, Innovación y Universidades, Juan Cruz Cigudosa. «Tenemos la referencia del eclipse solar en Francia en el año 1999, donde el turismo se incrementó en tres millones de personas. Aún no sabemos qué ocurrirá el año que viene, pero creo que no me equivoco si digo que se podría triplicar la afluencia». Interior ha activado un amplio operativo de seguridad para gestionar la afluencia de diez millones de personas y dos millones de desplazamientosPor todo ello, Interior ha activado un amplio operativo de seguridad para coordinar a las comunidades ante la previsión de más de dos millones de desplazamientos en torno al eclipse. Los efectivos policiales superan los 33.600 agentes, con mucho peso de la Guardia Civil (24.200), dados los riesgos en zonas rurales, y 2.500 efectivos de Tráfico, para garantizar la seguridad vial en los más de 350 puntos de observación. Y con el fantasma de los incendios azuzado por el calor extremo que se registrará en muchos puntos de la franja afortunada (alguna ya quemada con anterioridad hace apenas unas semanas) sobrevolando en el ambiente. Todo este despliegue para un fenómeno que dejó de ser imprevisible hace miles de años, que ahora, al contrario que los babilonios, podemos predecir con segundos y metros de exactitud. Se ve que aunque los eclipses dejaron hace siglos de ser un presagio del fin del mundo, todavía son capaces de detenerlo todo a su alrededor.  Los eclipses , esos insólitos momentos en los que la Tierra, la Luna y el Sol se alinean con una precisión milimétrica –el caos y la casualidad han provocado que nuestro planeta sea 400 veces más grande que nuestro satélite, pero que también estemos 400 veces más lejos de nuestra estrella–, fueron vaticinados por primera vez en la antigua Babilonia. Aquel pueblo encontró hace 2.600 años la fórmula matemática que permitía pronosticar, desde su época hasta casi el final de los tiempos, fenómenos que dependen en exclusiva de algo tan inexorable como el devenir de los planetas, sus satélites y las estrellas. Desde entonces, los eclipses ya no son una sorpresa para la Humanidad, que ha dejado de creer que detrás de ese día convertido en noche se esconda un abismo comparable al fin del mundo.Sin embargo, siguen causando tal fascinación y asombro que el fenómeno astronómico que estamos a punto de presenciar cruzando la mitad norte del país ha provocado toda una ‘eclipsemanía’. El fenómeno astronómico ha sido capaz de cosas tan sorprendentes como llenar la España vacía, que alguien pague 18.000 euros por dar un paseo en barco y la creación de una ‘ Comisión Frankenstein ‘ formada por 13 ministerios o la movilización de 33.600 agentes de seguridad para eclipse. La fiebre ha llegado incluso a algo tan aparentemente prosaico como las gafas con las que mirar al cielo, que han convivido entre la enorme demanda de filtros homologados en las semanas previas al eclipse y la alarma por productos que no cumplían los requisitos necesarios.«Hay que vivirlo para entenderlo», explicó a la periodista de ABC Mónica S. Blanco la chilena Lorna Saenz , quien junto a su compañero, Alejandro Arroyo –que ostenta el récord de 23 observaciones de eclipses por todo el mundo–, ha cruzado el charco y recorrido 10.000 kilómetros para llegar al pueblecito palentino de Paredes de Nava, que reunirá a decenas de ‘cazadores de eclipses’.No es el único enclave. Toda la franja que tendrá la suerte de presenciar la totalidad del eclipse ha registrado un lleno total en hoteles y casas rurales, que han visto multiplicados sus precios para esas fechas, con estancias durante el día de las dos noches que se elevan incluso hasta los 22.000 euros en zonas de Baleares. «Desde el año pasado tenía peticiones para alquilar la casa completa para la noche del eclipse», afirmaba Raquel, regente de ‘El Hayedo de los Sueños’, una vivienda de uso turístico que empezó a funcionar hace apenas un año en el municipio de Quintana (La Rioja), según cuenta la periodista de ABC Laura Albor. Este establecimiento es uno de los ejemplos de cómo el fenómeno ha desafiado al ‘ tijeretazo turístico ‘ de la oferta provocado por las restricciones regulatorias, con un crecimiento del 2,5% de establecimientos hoteleros en los pueblos de menos de 100 habitantes.«Lo que necesitamos es responsabilidad»Y mientras, la conocida como ‘Siberia española’ –cuya densidad de población apenas alcanza entre uno y dos habitantes por kilómetro cuadrado– y epicentro del eclipse mira entre la incredulidad y el escepticismo tanta atención repentina. En provincias como Guadalajara, los paradores están reservados desde hace años por fanáticos de los astros y no queda ni una habitación libre, salvo cancelaciones de última hora, con precios que quintuplican los normales. Toda esta gente se sumará a los vecinos que vuelven al pueblo por vacaciones y a los visitantes que se acerquen a la verbena de la fiesta patronal, muchas de ellas concentradas en estos días.Los pueblos de la España vaciada, ya tensionados por el regreso de los urbanitas y las fiestas patronales, se enfrentan con el eclipse a un nuevo reto«En los municipios pequeños no tenemos manera de gestionar esta avalancha de gente», reconocía María Jesús Merino , alcaldesa de Sigüenza y presidenta de la Asociación para el Desarrollo Local Sierra Norte (ADEL Sierra Norte). Su pueblo, con menos de 5.000 censados, se llena estos días con cerca de 20.000 habitantes para celebrar sus fiestas en honor a San Roque, viviendo cada verano un pico estacional que tensiona los servicios públicos. Por esta afluencia de gente, Merino prefería no dar más publicidad a las actividades previstas para el día del eclipse. «Ahora mismo no necesitamos más promoción, nosotros estamos llenos; lo que necesitamos es que la gente que ya tiene reservado venga con responsabilidad», insistía.Una situación que se repite por muchos de los pueblos de las trece comunidades, de Galicia a Baleares, que verán eclipsarse el Sol desde sus dominios. El mismo número de ministerios que el Gobierno ha incluido dentro de la Comisión Interministerial del Trío de Eclipses (CITE), que desde el pasado año lleva reuniéndose periódicamente, aunque sin contar con un euro de presupuesto. « No tiene parangón con ningún evento o acto anterior», explicó a ABC el responsable de la CITE y secretario de Estado de Ciencia, Innovación y Universidades, Juan Cruz Cigudosa. «Tenemos la referencia del eclipse solar en Francia en el año 1999, donde el turismo se incrementó en tres millones de personas. Aún no sabemos qué ocurrirá el año que viene, pero creo que no me equivoco si digo que se podría triplicar la afluencia». Interior ha activado un amplio operativo de seguridad para gestionar la afluencia de diez millones de personas y dos millones de desplazamientosPor todo ello, Interior ha activado un amplio operativo de seguridad para coordinar a las comunidades ante la previsión de más de dos millones de desplazamientos en torno al eclipse. Los efectivos policiales superan los 33.600 agentes, con mucho peso de la Guardia Civil (24.200), dados los riesgos en zonas rurales, y 2.500 efectivos de Tráfico, para garantizar la seguridad vial en los más de 350 puntos de observación. Y con el fantasma de los incendios azuzado por el calor extremo que se registrará en muchos puntos de la franja afortunada (alguna ya quemada con anterioridad hace apenas unas semanas) sobrevolando en el ambiente. Todo este despliegue para un fenómeno que dejó de ser imprevisible hace miles de años, que ahora, al contrario que los babilonios, podemos predecir con segundos y metros de exactitud. Se ve que aunque los eclipses dejaron hace siglos de ser un presagio del fin del mundo, todavía son capaces de detenerlo todo a su alrededor.   

Los eclipses, esos insólitos momentos en los que la Tierra, la Luna y el Sol se alinean con una precisión milimétrica –el caos y la casualidad han provocado que nuestro planeta sea 400 veces más grande que nuestro satélite, pero que también estemos 400 … veces más lejos de nuestra estrella–, fueron vaticinados por primera vez en la antigua Babilonia. Aquel pueblo encontró hace 2.600 años la fórmula matemática que permitía pronosticar, desde su época hasta casi el final de los tiempos, fenómenos que dependen en exclusiva de algo tan inexorable como el devenir de los planetas, sus satélites y las estrellas. Desde entonces, los eclipses ya no son una sorpresa para la Humanidad, que ha dejado de creer que detrás de ese día convertido en noche se esconda un abismo comparable al fin del mundo.

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