China arremete con dureza contra el desafiante rey de Suazilandia, al que acusa de «estar alimentado» por los separatistas de Taiwan

Pekín responde tras el viaje «como un polizón» del presidente de la isla autogobernada al país africano burlando las presiones diplomáticas del gigante asiático Leer Pekín responde tras el viaje «como un polizón» del presidente de la isla autogobernada al país africano burlando las presiones diplomáticas del gigante asiático Leer  

Era cuestión de tiempo que China reaccionara a la visita que el presidente taiwanés, Lai Ching Te, acaba de protagonizar a la última Monarquía absoluta de África, Eswatini, país más conocido en el globo como Suazilandia. El portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores del gigante asiático, Lin Jian, ha arremetido contra las autoridades de este país, acusando a sus autoridades de estar siendo «mantenidas y alimentadas» por la isla autogobernada que consideran parte irrenunciable de su territorio. «El viaje de Lai Ching-te a Eswatini como un polizón es una prueba perfecta de que los actos separatistas por la independencia de Taiwan son demasiado vergonzosos como para hacerse públicos», ha seguido disparando Lin Jian, quien ha empleado un tono especialmente duro de condena contra el Reino enclavado en Sudáfrica.

La reacción se produce tras la llegada por sorpresa del presidente Lai Ching Te a Eswatini, donde fue recibido con los máximos honores por parte del rey Mswati III y toda su Corte. La visita se vivió con especial júbilo y de algún modo se vendió como un triunfo en la guerra tan desigual que Taiwan y Suazilandia libran nada menos que contra China. Y es que Pekín había conseguido impedir que el mandatario de la que considera una isla rebelde pudiera desplazarse a la pequeña nación africana a finales de abril, tal como tenía previsto, para participar en los fastos por el 40º aniversario en el trono del monarca absoluto.

La Presidencia taiwanesa tuvo que cancelar el viaje después de que Seychelles, Mauricio y Madagascar revocaran de forma repentina las autorizaciones de sobrevuelo, rendidos a la coerción que ejerció el gigante asiático. De modo que cuando finalmente Lai Ching Te aterrizó el sábado en Eswatini sin que se hubiera comunicado previamente, tras un vuelo realizado en uno de los aviones privados de Mswati III, todo fueron dedos en el ojo a Pekín. «Ante la injusta censura que vivimos responderemos con justicia y razón. Somos un pueblo que celebra la libertad y la paz y no buscamos la confrontación, pero jamás renunciaremos a nuestro camino hacia el mundo», celebró Lai Ching-te junto al rey que se ha convertido en el gran apoyo diplomático internacional de la isla autogobernada.

Mswati III junto al líder taiwanés en un banquete de Estado.
Mswati III junto al líder taiwanés en un banquete de Estado.EFE

El presidente de Taiwan subrayó durante el fin de semana la «sólida amistad» que une a Taipéi y Eswatini desde hace 58 años. Y, en el ámbito económico, firmó junto a Mswati III un acuerdo de asistencia mutua en materia aduanera destinado a agilizar el comercio bilateral.

Suazilandia es uno de los apenas 13 países en todo el mundo -en su mayoría caribeños y algunas pequeñas islas del Pacífico- que reconocen oficialmente la soberanía de la República de China, nombre oficial de Taiwan desde la llegada del Kuomintang de Chiang Kai-shek en 1949. Y él único en toda África -de un total de 54 estados que conforman el continente-.

Desde hace muchos años, Pekín ha ejercido una presión enorme contra el pequeño reino de 1,3 millones de habitantes donde gobierna con puño de hierro Mswati III, con el objeto de conseguir que, como han ido haciendo uno tras otro tantos países, abandonara a su suerte a la que el gigante asiático considera una isla rebelde integrante de su territorio. Pero el soberano de Suazilandia se ha mostrado irreductible y desafiante, haciendo caso omiso a todas las advertencias que le lanzan una y otra vez desde el Partido Comunista Chino.

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