Atlético y Barça regalaron un partido maravilloso, obligado su revisionado en el futuro, supervivientes los colchoneros ante la épica de unos rivales que rozaron con los dedos una remontada que hubiese sido indescriptible. Una oda al fútbol que permite a los del Cholo alcanzar las semifinales de la Champions nueve años después. El gol de Lookman fue suficiente para revalorizar el 0-2 de la ida, que casi se desmorona por un vendaval ofensivo que comenzó a los cuatro minutos con Yamal y alcanzó su culmen con Ferran 20 después. Ahí se inició un ejercicio excelso de los locales, supervivientes infinitos, guerreros de leyenda que incluso pudieron sentenciar a la contra. Luchar por un puesto en la gran final, su merecido premio. La comadreja Gavi y Ferran en punta, bien escoltado por Olmo. Esas fueron las novedades conjugadas por Flick para edificar una remontada que se antojaba casi imposible, listo el Barcelona para recibir otra puñalada mortal en una competición que se le resiste desde hace más de una década, que se ha convertido más en una obsesión que en una ilusión. Pese a ser consciente de que la misión era casi suicida, fue dignísima y sonora la presencia de la afición azulgrana en un Metropolitano que, como siempre que el destino está en juego, lució de sobresaliente, emocionante y sobrecogedor. El partido necesitaba que el balón echara a rodar, porque si el fútbol estaba a la altura de la previa, el espectáculo sería recordado durante eones. Solo tardó un par de minutos Lamine en confirmar los presagios, tremenda su cadena de regates, excepcional la estirada de Musso ante el primer torpedo de la noche. Pero el extremo es irreductible, un depredador sanguinario, y en la siguiente jugada aprovechó una pérdida de Lenglet para adelantar al Barcelona con sutil toque con la puntera. Una bengala, el fuego de la esperanza, se prendió en la grada visitante. Los chicos de Flick acababan de meter el hocico en la eliminatoria. Atlético de Madrid: 1 Musso; Nahuel Molina, Le Normand, Lenglet, Ruggeri; Giuliano (Baena, m.66), Llorente, Koke, Lookman (Nico González, m.66); Griezmann (Sorloth, m.76), Julián Álvarez. Barcelona: 2 Joan García; Koundé, Eric García, Gerard Martín, Cancelo (Araujo, m.89); Gavi (De Jong, m.81), Pedri, Fermín (Rashford, m.68); Lamine Yamal, Dani Olmo (Bardghji, m.89), Ferran (Lewandowski, m.68). Goles: 0-1: Lamine Yamal, m.4; 0-2: Ferran, m.24; 1-2: Lookman, m.31. El árbitro: Clement Turpin (Francia). Amonestó a Gavi. Expulsó a Eric García. El Barça llegaba con mucha facilidad y Musso volvió a vestirse de héroe, esta vez ante un Olmo al que le faltó rapidez mental. Por su parte, el Atleti se desplegaba con mucha celeridad, exigía a sus enemigos pura perfección para no dejar vendido a Joan García, porque los rojiblancos estaban a un par de toques de lanzar la dentellada. Mientras concretaban, los catalanes prolongaban su crecimiento, bien Ferran en el juego de espaldas, sólida la base de la elaboración cuando Pedri y Gavi se combinaban en la medular. Griezmann , a pase de Lookman, el más activo, casi cambia el curso del partido, pero un par de jugadas después, llegó el segundo mazazo. Olmo, suave como la seda, aprovechó un nuevo error de Lenglet para filtrar un pase milimétrico a Ferran , que definió con la zurda con maestría, desatando la locura en el bando azulgrana. El desplome fue casi definitivo, aunque Musso, mástil indestructible ante una borrasca terrorífica, detuvo el 0-3 a Fermín en el área pequeña. Agujereado en tan solo 25 minutos, le tocaba mover ficha al Atleti. Una nueva eliminatoria había comenzado. Dicho y hecho. Llorente fue lanzado por la enésima genialidad de Griezmann, tremenda la cabalgada del madrileño, preciso su pase para que Lookman se adelantara a Koundé y reviviera a un estadio que se había convertido en un iglú cuando fue volcán. Lejos de amilanarse, el Barça cargó con una nueva ráfaga comandada otra vez por Olmo y Ferran solo frenada por el descanso, punto y seguido de un choque absolutamente glorioso. Ya reanudadas las hostilidades, los visitantes se adueñaron rápido del esférico, siempre en la búsqueda de la profundidad de Ferran, que cuajaba un encuentro formidable, como hacía meses que no se veía. Por su parte, el Atlético era más parsimonioso, vencedor matemático, centrado en defensa y solo con Lookman y sus desmarques como vías de escape. Avisó el nigeriano con un poderoso chut al palo largo, tenía afilada la lanza si el Barça le daba motivos por los que creer, pese a que Eric García siempre estaba atento a sus diabluras. Fue una gran combinación entre Olmo y Gavi la que dinamitó la tranquilidad. El andaluz entró en el área como un puñal y provocó un rechazo que terminó en una nueva definición de Ferran, directa a la escuadra. Sin embargo, el VAR, por fuera de juego del atacante, lo anuló para alivio del Metropolitano. El raciocinio había abandonado el campo hacía tiempo, era todo pasión, gritos desaforados, una piel de gallina que invadía desde las gradas hasta los cuerpos de los jugadores, que celebraban como posesos hasta un saque de esquina favorable. Magnificencia convertida en deporte en definitiva, un espectáculo al que, con seguridad, le faltaban un par de giros de guion adicionales para hacer perpetua la locura. Musso, con media hora para el final, se tomaba con mucha calma los saques de puerta, intentaba el argentino ganar tiempo para que sus compañeros se recuperasen pues, cuando el esférico cambiaba de bando, la estampida azulgrana era inevitable. Lamine era pura dinamita desde la izquierda, capaz de controlar un globo en medio de una falange de hasta cuatro rivales, y fueron sus bailes los que destaparon a un aguerrido Atleti, que defendía hacia delante y que incluso tuvo alguna oportunidad de sentenciar la eliminatoria si no fuera por las paradas de Joan García. La avalancha se llevó por delante a Eric, expulsado después de derribar a Sorloth cuando este encaraba la portería, una acción muy similar a la de la ida entre Cubarsí y Giuliano. Lo tenían en sus manos los rojiblancos, muy agobiados los azulgranas, casi sin ideas ni tiempo. Su épica no fue suficiente y el Atlético, justo vencedor. Atlético y Barça regalaron un partido maravilloso, obligado su revisionado en el futuro, supervivientes los colchoneros ante la épica de unos rivales que rozaron con los dedos una remontada que hubiese sido indescriptible. Una oda al fútbol que permite a los del Cholo alcanzar las semifinales de la Champions nueve años después. El gol de Lookman fue suficiente para revalorizar el 0-2 de la ida, que casi se desmorona por un vendaval ofensivo que comenzó a los cuatro minutos con Yamal y alcanzó su culmen con Ferran 20 después. Ahí se inició un ejercicio excelso de los locales, supervivientes infinitos, guerreros de leyenda que incluso pudieron sentenciar a la contra. Luchar por un puesto en la gran final, su merecido premio. La comadreja Gavi y Ferran en punta, bien escoltado por Olmo. Esas fueron las novedades conjugadas por Flick para edificar una remontada que se antojaba casi imposible, listo el Barcelona para recibir otra puñalada mortal en una competición que se le resiste desde hace más de una década, que se ha convertido más en una obsesión que en una ilusión. Pese a ser consciente de que la misión era casi suicida, fue dignísima y sonora la presencia de la afición azulgrana en un Metropolitano que, como siempre que el destino está en juego, lució de sobresaliente, emocionante y sobrecogedor. El partido necesitaba que el balón echara a rodar, porque si el fútbol estaba a la altura de la previa, el espectáculo sería recordado durante eones. Solo tardó un par de minutos Lamine en confirmar los presagios, tremenda su cadena de regates, excepcional la estirada de Musso ante el primer torpedo de la noche. Pero el extremo es irreductible, un depredador sanguinario, y en la siguiente jugada aprovechó una pérdida de Lenglet para adelantar al Barcelona con sutil toque con la puntera. Una bengala, el fuego de la esperanza, se prendió en la grada visitante. Los chicos de Flick acababan de meter el hocico en la eliminatoria. Atlético de Madrid: 1 Musso; Nahuel Molina, Le Normand, Lenglet, Ruggeri; Giuliano (Baena, m.66), Llorente, Koke, Lookman (Nico González, m.66); Griezmann (Sorloth, m.76), Julián Álvarez. Barcelona: 2 Joan García; Koundé, Eric García, Gerard Martín, Cancelo (Araujo, m.89); Gavi (De Jong, m.81), Pedri, Fermín (Rashford, m.68); Lamine Yamal, Dani Olmo (Bardghji, m.89), Ferran (Lewandowski, m.68). Goles: 0-1: Lamine Yamal, m.4; 0-2: Ferran, m.24; 1-2: Lookman, m.31. El árbitro: Clement Turpin (Francia). Amonestó a Gavi. Expulsó a Eric García. El Barça llegaba con mucha facilidad y Musso volvió a vestirse de héroe, esta vez ante un Olmo al que le faltó rapidez mental. Por su parte, el Atleti se desplegaba con mucha celeridad, exigía a sus enemigos pura perfección para no dejar vendido a Joan García, porque los rojiblancos estaban a un par de toques de lanzar la dentellada. Mientras concretaban, los catalanes prolongaban su crecimiento, bien Ferran en el juego de espaldas, sólida la base de la elaboración cuando Pedri y Gavi se combinaban en la medular. Griezmann , a pase de Lookman, el más activo, casi cambia el curso del partido, pero un par de jugadas después, llegó el segundo mazazo. Olmo, suave como la seda, aprovechó un nuevo error de Lenglet para filtrar un pase milimétrico a Ferran , que definió con la zurda con maestría, desatando la locura en el bando azulgrana. El desplome fue casi definitivo, aunque Musso, mástil indestructible ante una borrasca terrorífica, detuvo el 0-3 a Fermín en el área pequeña. Agujereado en tan solo 25 minutos, le tocaba mover ficha al Atleti. Una nueva eliminatoria había comenzado. Dicho y hecho. Llorente fue lanzado por la enésima genialidad de Griezmann, tremenda la cabalgada del madrileño, preciso su pase para que Lookman se adelantara a Koundé y reviviera a un estadio que se había convertido en un iglú cuando fue volcán. Lejos de amilanarse, el Barça cargó con una nueva ráfaga comandada otra vez por Olmo y Ferran solo frenada por el descanso, punto y seguido de un choque absolutamente glorioso. Ya reanudadas las hostilidades, los visitantes se adueñaron rápido del esférico, siempre en la búsqueda de la profundidad de Ferran, que cuajaba un encuentro formidable, como hacía meses que no se veía. Por su parte, el Atlético era más parsimonioso, vencedor matemático, centrado en defensa y solo con Lookman y sus desmarques como vías de escape. Avisó el nigeriano con un poderoso chut al palo largo, tenía afilada la lanza si el Barça le daba motivos por los que creer, pese a que Eric García siempre estaba atento a sus diabluras. Fue una gran combinación entre Olmo y Gavi la que dinamitó la tranquilidad. El andaluz entró en el área como un puñal y provocó un rechazo que terminó en una nueva definición de Ferran, directa a la escuadra. Sin embargo, el VAR, por fuera de juego del atacante, lo anuló para alivio del Metropolitano. El raciocinio había abandonado el campo hacía tiempo, era todo pasión, gritos desaforados, una piel de gallina que invadía desde las gradas hasta los cuerpos de los jugadores, que celebraban como posesos hasta un saque de esquina favorable. Magnificencia convertida en deporte en definitiva, un espectáculo al que, con seguridad, le faltaban un par de giros de guion adicionales para hacer perpetua la locura. Musso, con media hora para el final, se tomaba con mucha calma los saques de puerta, intentaba el argentino ganar tiempo para que sus compañeros se recuperasen pues, cuando el esférico cambiaba de bando, la estampida azulgrana era inevitable. Lamine era pura dinamita desde la izquierda, capaz de controlar un globo en medio de una falange de hasta cuatro rivales, y fueron sus bailes los que destaparon a un aguerrido Atleti, que defendía hacia delante y que incluso tuvo alguna oportunidad de sentenciar la eliminatoria si no fuera por las paradas de Joan García. La avalancha se llevó por delante a Eric, expulsado después de derribar a Sorloth cuando este encaraba la portería, una acción muy similar a la de la ida entre Cubarsí y Giuliano. Lo tenían en sus manos los rojiblancos, muy agobiados los azulgranas, casi sin ideas ni tiempo. Su épica no fue suficiente y el Atlético, justo vencedor.
Atlético y Barça regalaron un partido maravilloso, obligado su revisionado en el futuro, supervivientes los colchoneros ante la épica de unos rivales que rozaron con los dedos una remontada que hubiese sido indescriptible. Una oda al fútbol que permite a los del Cholo alcanzar las … semifinales de la Champions nueve años después. El gol de Lookman fue suficiente para revalorizar el 0-2 de la ida, que casi se desmorona por un vendaval ofensivo que comenzó a los cuatro minutos con Yamal y alcanzó su culmen con Ferran 20 después. Ahí se inició un ejercicio excelso de los locales, supervivientes infinitos, guerreros de leyenda que incluso pudieron sentenciar a la contra. Luchar por un puesto en la gran final, su merecido premio.
La comadreja Gavi y Ferran en punta, bien escoltado por Olmo. Esas fueron las novedades conjugadas por Flick para edificar una remontada que se antojaba casi imposible, listo el Barcelona para recibir otra puñalada mortal en una competición que se le resiste desde hace más de una década, que se ha convertido más en una obsesión que en una ilusión. Pese a ser consciente de que la misión era casi suicida, fue dignísima y sonora la presencia de la afición azulgrana en un Metropolitano que, como siempre que el destino está en juego, lució de sobresaliente, emocionante y sobrecogedor. El partido necesitaba que el balón echara a rodar, porque si el fútbol estaba a la altura de la previa, el espectáculo sería recordado durante eones.
Solo tardó un par de minutos Lamine en confirmar los presagios, tremenda su cadena de regates, excepcional la estirada de Musso ante el primer torpedo de la noche. Pero el extremo es irreductible, un depredador sanguinario, y en la siguiente jugada aprovechó una pérdida de Lenglet para adelantar al Barcelona con sutil toque con la puntera. Una bengala, el fuego de la esperanza, se prendió en la grada visitante. Los chicos de Flick acababan de meter el hocico en la eliminatoria.

Atlético de Madrid:
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Barcelona:
Musso; Nahuel Molina, Le Normand, Lenglet, Ruggeri; Giuliano (Baena, m.66), Llorente, Koke, Lookman (Nico González, m.66); Griezmann (Sorloth, m.76), Julián Álvarez.
Joan García; Koundé, Eric García, Gerard Martín, Cancelo (Araujo, m.89); Gavi (De Jong, m.81), Pedri, Fermín (Rashford, m.68); Lamine Yamal, Dani Olmo (Bardghji, m.89), Ferran (Lewandowski, m.68).
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Goles:
0-1: Lamine Yamal, m.4; 0-2: Ferran, m.24; 1-2: Lookman, m.31. -
El árbitro:
Clement Turpin (Francia). Amonestó a Gavi. Expulsó a Eric García.
El Barça llegaba con mucha facilidad y Musso volvió a vestirse de héroe, esta vez ante un Olmo al que le faltó rapidez mental. Por su parte, el Atleti se desplegaba con mucha celeridad, exigía a sus enemigos pura perfección para no dejar vendido a Joan García, porque los rojiblancos estaban a un par de toques de lanzar la dentellada. Mientras concretaban, los catalanes prolongaban su crecimiento, bien Ferran en el juego de espaldas, sólida la base de la elaboración cuando Pedri y Gavi se combinaban en la medular. Griezmann, a pase de Lookman, el más activo, casi cambia el curso del partido, pero un par de jugadas después, llegó el segundo mazazo.
Olmo, suave como la seda, aprovechó un nuevo error de Lenglet para filtrar un pase milimétrico a Ferran, que definió con la zurda con maestría, desatando la locura en el bando azulgrana. El desplome fue casi definitivo, aunque Musso, mástil indestructible ante una borrasca terrorífica, detuvo el 0-3 a Fermín en el área pequeña. Agujereado en tan solo 25 minutos, le tocaba mover ficha al Atleti. Una nueva eliminatoria había comenzado.
Dicho y hecho. Llorente fue lanzado por la enésima genialidad de Griezmann, tremenda la cabalgada del madrileño, preciso su pase para que Lookman se adelantara a Koundé y reviviera a un estadio que se había convertido en un iglú cuando fue volcán. Lejos de amilanarse, el Barça cargó con una nueva ráfaga comandada otra vez por Olmo y Ferran solo frenada por el descanso, punto y seguido de un choque absolutamente glorioso.
Ya reanudadas las hostilidades, los visitantes se adueñaron rápido del esférico, siempre en la búsqueda de la profundidad de Ferran, que cuajaba un encuentro formidable, como hacía meses que no se veía. Por su parte, el Atlético era más parsimonioso, vencedor matemático, centrado en defensa y solo con Lookman y sus desmarques como vías de escape. Avisó el nigeriano con un poderoso chut al palo largo, tenía afilada la lanza si el Barça le daba motivos por los que creer, pese a que Eric García siempre estaba atento a sus diabluras.
Fue una gran combinación entre Olmo y Gavi la que dinamitó la tranquilidad. El andaluz entró en el área como un puñal y provocó un rechazo que terminó en una nueva definición de Ferran, directa a la escuadra. Sin embargo, el VAR, por fuera de juego del atacante, lo anuló para alivio del Metropolitano.
El raciocinio había abandonado el campo hacía tiempo, era todo pasión, gritos desaforados, una piel de gallina que invadía desde las gradas hasta los cuerpos de los jugadores, que celebraban como posesos hasta un saque de esquina favorable. Magnificencia convertida en deporte en definitiva, un espectáculo al que, con seguridad, le faltaban un par de giros de guion adicionales para hacer perpetua la locura.
Musso, con media hora para el final, se tomaba con mucha calma los saques de puerta, intentaba el argentino ganar tiempo para que sus compañeros se recuperasen pues, cuando el esférico cambiaba de bando, la estampida azulgrana era inevitable. Lamine era pura dinamita desde la izquierda, capaz de controlar un globo en medio de una falange de hasta cuatro rivales, y fueron sus bailes los que destaparon a un aguerrido Atleti, que defendía hacia delante y que incluso tuvo alguna oportunidad de sentenciar la eliminatoria si no fuera por las paradas de Joan García.
La avalancha se llevó por delante a Eric, expulsado después de derribar a Sorloth cuando este encaraba la portería, una acción muy similar a la de la ida entre Cubarsí y Giuliano. Lo tenían en sus manos los rojiblancos, muy agobiados los azulgranas, casi sin ideas ni tiempo. Su épica no fue suficiente y el Atlético, justo vencedor.
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