Estallido de violencia en Cisjordania: «Una cerilla puede prender fuego a todo y es la delincuencia nacionalista»

El aumento de actos violentos de radicales israelíes causa más choques con los palestinos y tensa la ya sensible situación en el terreno Leer El aumento de actos violentos de radicales israelíes causa más choques con los palestinos y tensa la ya sensible situación en el terreno Leer  

Como en otras ocasiones pero en diferentes circunstancias desde el fin de la Segunda Intifada hace 21 años, Cisjordania se ha convertido en una olla a presión que puede estallar en cualquier momento.

La cúpula militar israelí entregó al ministro de Defensa, Israel Katz, un aviso bajo el título de «estratégico» sobre un gran estallido de violencia. Y en una reunión mantenida este lunes, el oficial encargado de esta zona, Avi Bluth, señaló que lograron «reducir de forma significativa el terrorismo palestino» pero advirtió, según el Canal 12, que «una cerilla puede prender fuego a todo y es la delincuencia nacionalista».

Las violentas acciones de radicales israelíes en Cisjordania son una pesadilla diaria para muchos palestinos y una amenaza estratégica para Israel por sus efectos dañinos en el terreno (enfrentamientos, despliegue de más fuerzas en detrimento de otros frentes a cargo de un ejército falto de uniformados tras tres años de guerra, etc.) y en la arena internacional.

Esta violencia, los intentos de Hamas y Yihad Islámica de restaurar sus infraestructuras armadas para realizar atentados, el aumento de la construcción tanto en los asentamientos como de nuevos enclaves, la difícil situación económica y el estancamiento de la negociación para un acuerdo definitivo-más profundo aún tras el ataque del 7-O y las elecciones israelíes (en octubre) y palestinas (en noviembre y por primera vez en 20 años)- conforman un cóctel explosivo en Cisjordania.

«Nuestra misión es garantizar la estabilidad en Judea y Samaria. Hay situaciones que la alteran y nuestra responsabilidad es abordarlo ya sea en lo que respecta al terrorismo palestino como a este fenómeno, la delincuencia nacionalista», afirman fuentes del ejército a EL MUNDO, que citan algunos factores que dificultan su freno: «Es necesario contar con una base probatoria sólida para poder detener a los responsables. Vemos choques entre las dos comunidades en muchos más lugares con alrededor de 400 núcleos residenciales de todo tipo, ciudades, comunidades establecidas y nuevas, granjas agrícolas y enclaves. Hay incidentes a los que llegamos una hora después de que hayan terminado. Existe un problema de asignación de recursos. Además, el desafío de combatir el terrorismo palestino sigue siendo considerable».

El ex coronel y activista israelí de la organización Mirando a la Ocupación a los ojos, Doron Meinert, replica que el ejército permitió más sitios de asentamiento apuntando que apoya alrededor del 80% de estos puntos. «Por ejemplo, las llamadas granjas agrícolas que no son legales. Les dan todos los elementos de seguridad para permitirles vivir allí», dice a este diario. «La violencia va creciendo quizá porque quieren tener el mayor número de logros antes de las elecciones. Su objetivo es la limpieza étnica», denuncia. Asimismo, resta importancia a las condenas de los ministros contra las acciones de los extremistas al considerar que son «el brazo del Gobierno».

En el pasado, buscaban agredir a palestinos, prometer venganza en grafitis y crear sin permiso minúsculos enclaves tras cada ataque palestino en lo que en Israel se definía como «actos delictivos de adolescentes marginales». Hoy, hay no pocos israelíes-incluyendo en la derecha- lo califican de «terrorismo» advirtiendo que esta minoría marginal de varios centenares constituye una mancha también para el conjunto de los asentamientos donde viven 500.000 israelíes.

Su acción mezcla fanatismo religioso e ideológico y gamberrismo producto de su contexto personal y social. Para ellos, se trata de una lucha con los árabes por cada palmo de la Tierra de Israel. En el camino, buscan borrar la división territorial en base a los Acuerdos de Oslo: Zona A (control civil y seguridad de la Autoridad Palestina), Zona B (control civil palestino y seguridad israelí) y Zona C (bajo control civil y de seguridad de Israel).

Qusra se encuentra en la Zona B del territorio ocupado en la guerra del 67. Esta aldea palestina, cerca de Hebrón, acaparó el foco local e internacional a raíz de una tienda de campaña colocada por radicales en el patio de una de las viviendas. El ejército retiró la carpa, desmanteló un par de enclaves ilegales en las afueras de la localidad y envió fuerzas para evitar roces. Hasan, un vecino de Qusra, denuncia que los soldados no arrestaron a los jóvenes extremistas. «Quitaron las carpas, pero la situación sigue igual con unos 10 o 15 colonos en la zona y tres casas bajo sitio», lamenta en una entrevista a EL MUNDO, confirmando que la colina adyacente es estratégica al ser el punto más alto que divisa varias aldeas. Su primo Ahmed, que vive en Estados Unidos desde 2012, volvió de visita. «No poder volver a estar en mis propias tierras es muy triste y frustrante», dice destacando la llegada de ciudadanos israelíes a Qusra para ayudarles ante el acoso.

Meinert afirma que «hay sitios donde la cúpula militar no quiere que los violentos estén como, por ejemplo, en Qusra, pero su capacidad operativa también es limitada porque hay soldados que no colaboran o porque necesitan a la Policía para tener éxito». «No sólo es necesario echarlos, sino llevarlos a tribunales. Como esto no ocurre, es todo el tiempo como el gato y el ratón. La Policía ya casi nunca investiga la violencia de este tipo. Antes de Ben Gvir [ministro ultraderechista encargado de la Policía desde 2023], la situación no era un paraíso, pero era mucho mejor en el terreno», concluye.

«Cada semana, las Fuerzas de Defensa de Israel desmantelan decenas de puestos de avanzada ilegales. Esto forma parte de nuestra misión, y sabemos que estos puestos complican nuestra evaluación operativa», alegan funcionarios del ejército.

«Estamos presenciando una terrible ola de violencia perpetrada por una turba anarquista en Judea y Samaria. Actos que profanan y se alejan de toda norma básica, moral, legal o judía», denunció recientemente el presidente de Israel, Isaac Herzog. Y añadió que escuchó «de comandantes que combaten el terrorismo decir que hay días en que se ven obligados a dedicar todo su tiempo a lidiar con estos delincuentes anarquistas».

En una entrevista concedida a EL MUNDO hace unos meses, Herzog condenó estos ataques y señaló que la Administración israelí estaba tomando medidas para evitarlos. De momento, sin embargo, los datos de los organismos de seguridad confirman el crecimiento de la violencia contra palestinos y, en menor medida, activistas israelíes y soldados. Si en 2024 se registraron 682 incidentes violentos, al año siguiente el número llegó a 867, mientras en el primer semestre de 2026 alcanzó los 660. Los ataques contra efectivos de seguridad israelíes aumentaron en un 36% en comparación con los primeros seis meses de 2025.

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