‘Max jet’: las refinerías europeas cambian gasóleo y lubricantes por queroseno para conjurar la crisis

Un anglicismo de tres palabras, que bien podría estar sacado de una película de ciencia ficción, resume a la perfección la forma de operar de las refinerías europeas desde hace semanas: max jet mode. Todos los esfuerzos se encaminan a aumentar la producción de combustible para aviones (jet fuel, en inglés), el nudo gordiano de la crisis energética desatada por el inédito bloqueo de Ormuz y que, de no resolverse pronto, amenaza con desembocar en un caos sin precedentes en los cielos continentales. La escasez está ahí, al acecho.

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 Las petroleras centran sus esfuerzos en el combustible para aviones, donde la escasez por el cierre de Ormuz es máxima y la rentabilidad se dispara  

Un anglicismo de tres palabras, que bien podría estar sacado de una película de ciencia ficción, resume a la perfección la forma de operar de las refinerías europeas desde hace semanas: max jet mode. Todos los esfuerzos se encaminan a aumentar la producción de combustible para aviones (jet fuel, en inglés), el nudo gordiano de la crisis energética desatada por el inédito bloqueo de Ormuz y que, de no resolverse pronto, amenaza con desembocar en un caos sin precedentes en los cielos continentales. La escasez está ahí, al acecho.

Son varias las petroleras que han admitido en los últimos días este cambio de patrón en sus operaciones para espantar los numerosos y crecientes fantasmas que se ciernen sobre el sector aéreo de cara al verano. “Por decirlo claro, todas las refinerías europeas están operando en modo de máxima producción de queroseno”, reconocía a finales de abril el jefe de Shell en Países Bajos, Frans Everts. Bajo su paraguas está la mayor instalación de este tipo en el Viejo Continente, Pernis (a un paso de Róterdam),clave para el suministro de combustibles en el Benelux y en buena parte del centro y el norte de Europa.

Pocos días después era el consejero delegado de Repsol, José Jon Imaz, quien deslizaba que sus cinco refinerías en España tienen hoy una capacidad de producción de queroseno un 25% superior que hace solo tres meses. “Con eso, no solo seremos capaces de proveer [queroseno] a nuestros clientes, sino que también podremos ofrecer una producción adicional en caso de que se produzca cualquier problema o disrupción por parte de otros operadores”, apuntaba en una conferencia con analistas. Su apuesta, completa un portavoz de la compañía, es producir menos lubricantes y fuelóleo, y más queroseno.

Un camino similar está siguiendo la segunda mayor petrolera española, Moeve (antes Cepsa). “Estamos operando focalizados en maximizar la producción de queroseno”, confirman desde la antigua Cepsa, que tiene dos grandes centros de transformación de crudo en carburantes, en La Rábida (Huelva) y en San Roque (Cádiz). “Lo hacemos tanto aprovechando mejor algunas unidades específicas de nuestras refinerías del gasóleo al combustible para aviones, para atender la mayor demanda nacional [ante la dificultad para importar]”.

“Los refinadores europeos están optando por una combinación de estrategias de optimización en todos los frentes para aumentar la disponibilidad de combustible de aviación”, desarrolla Nikhil Dubey, analista de Kpler especializado en refino. Una nueva pauta, dice, que se puede seguir sobre todo en las plantas complejas y modernas, dos atributos que comparten buena parte de las refinerías españolas, más flexibles y versátiles que en otros rincones del continente.

Detrás de este nada habitual giro en las operaciones de las refinerías continentales está tanto la urgencia por tapar ―aunque sea parcialmente― el boquete dejado por la salida del queroseno que antes procedía de Oriente Próximo como la también evidente maximización del derivado que, por mucho, más dinero está dejando en caja.

Los precios internacionales del queroseno se han duplicado desde el pasado 28 de febrero, cuando el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, dieron la orden de atacar Irán. En paralelo, los beneficios de las refinerías cabalgan hoy en su nivel más alto desde la invasión rusa de Ucrania. De lastre, en fin, a gran catalizador en las cuentas de resultados de las petroleras.

Si en el aciago 2022, el sector europeo de refino privilegiaba la producción de diésel, hoy es el turno del queroseno. Varias aerolíneas europeas, entre ellas gigantes como la alemana Lufthansa y la neerlandesa KLM, han anunciado miles de cancelaciones para ahorrar carburante, y la Agencia Internacional de la Energía ha advertido de que las reservas de combustible para aviones en el Viejo Continente alcanzan únicamente hasta finales de mayo.

“Este movimiento de las refinerías tiene todo el sentido, porque la mayor preocupación europea es el queroseno, que venía en gran medida de Oriente Próximo; Europa, en cambio, no tiene ningún problema en gasolina y el diésel viene en gran medida de Estados Unidos”, explica por teléfono Jorge León, jefe de análisis geopolítico de la consultora noruega Rystad Energy. “A eso se suma la demanda estacional, que ahora sube con fuerza en la UE”. Con todo, matiza, el margen de estas instalaciones para pasar de un combustible a otro es solo “limitado”.

Sin visos de reapertura inmediata de Ormuz, pese a los avances en la negociación reconocidos este miércoles por todas las partes, la preocupación por el queroseno va a más. El 40% de la demanda europea se cubría, típicamente, con barcos que atravesaban ese estrecho. Estos suponían, a su vez, la mitad de las importaciones totales de los Veintisiete. “La disponibilidad y la capacidad operativa del sector europeo de refino deben maximizarse para satisfacer la demanda actual, especialmente de combustibles de aviación”, urgía la Comisión Europea a finales de abril.

Al norte del canal de la Mancha, el Gobierno británico también acaba de llamar a las cuatro refinerías que operan en el país a acelerar al máximo su política de centrarse en el queroseno en detrimento de otros hidrocarburos. El Reino Unido es uno de los grandes países europeos más expuestos a la sequía total de queroseno procedente desde Oriente Próximo: cubría casi la mitad antes de la guerra. En Francia, esa cifra es aún mayor: de más del 70%, según las cifras de Kpler. En España, solo el 20% del queroseno viene del exterior y, de él, solo una fracción procede de Oriente Próximo.

Cierres recientes

Al margen de lo más urgente, con unas próximas semanas que serán críticas, la crisis de Ormuz deja entrever una realidad incómoda. En los últimos tiempos, la mayoría de países europeos han ido cerrando refinerías. Una decisión que responde tanto a la preocupación ambiental ―son instalaciones muy contaminantes― como a la lógica reducción en el consumo futuro de carburantes a medida que la electrificación gana tracción en el transporte por carretera.

En lo más inmediato, sin embargo, estos cierres se han traducido en una dependencia mucho mayor del exterior: de Rusia, hasta la invasión de Ucrania; del Golfo; de la India; y de unos Estados Unidos cada vez menos fiables. Un deporte de alto riesgo en una época, esta, atravesada por las guerras y la convulsión geopolítica.

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