El encuadre para la televisión del mitin el martes en Dos Hermanas (Sevilla) de Santiago Abascal, presidente de Vox, estaba repleto de jóvenes. Desde que arrancó la precampaña, su candidato, Manuel Gavira, insiste en una idea: el PSOE y el PP abocan a los jóvenes a marcharse de Andalucía. Si en marzo llegó a afirmar que se ven forzados a “repetir el exilio de sus abuelos”, este lunes en el debate en RTVE remarcó su voluntad de que “nuestros jóvenes” puedan “formar una familia aquí”. Con los canales del partido difundiendo a todas horas mensajes como estos, Rodrigo Alonso, cabeza de lista por Almería y portavoz nacional de Trabajo y Campo de Vox, ha afirmado que “los menas”, como se refieren despectivamente a los menores migrantes no acompañados, se quedan con las ayudas que deberían ir a “los jóvenes”.
La ultraderecha se esmera en llegar a los grupos de menor edad y al mundo agrario, dos electorados en los que ha cimentado su ascenso y en los que ahora aparece debilitado en las encuestas andaluzas
El encuadre para la televisión del mitin el martes en Dos Hermanas (Sevilla) de Santiago Abascal, presidente de Vox, estaba repleto de jóvenes. Desde que arrancó la precampaña, su candidato, Manuel Gavira, insiste en una idea: el PSOE y el PP abocan a los jóvenes a marcharse de Andalucía. Si en marzo llegó a afirmar que se ven forzados a “repetir el exilio de sus abuelos”, este lunes en el debate en RTVE remarcó su voluntad de que “nuestros jóvenes” puedan “formar una familia aquí”. Con los canales del partido difundiendo a todas horas mensajes como estos, Rodrigo Alonso, cabeza de lista por Almería y portavoz nacional de Trabajo y Campo de Vox, ha afirmado que “los menas”, como se refieren despectivamente a los menores migrantes no acompañados, se quedan con las ayudas que deberían ir a “los jóvenes”.
Jóvenes, jóvenes, jóvenes: Vox tiene claro cuál es un destinatario privilegiado de sus mensajes. Es uno de sus puntos fuertes, una de las claves de su ascenso en las encuestas y las urnas desde 2024, cuando rompió sus gobiernos autonómicos con el PP y empezó a presentarse como un partido antisistema. Pero en Andalucía el pilar juvenil le está fallando. Y no es el único.
Las encuestas muestran que el partido de Abascal, mientras sigue arrastrando problemas en los electorados en los que históricamente es más débil —mujeres, personas mayores y en especial mujeres mayores— está flaqueando en dos de sus habituales puntos fuertes. ¿Cuáles? Los jóvenes y el campo, donde se ve arrollado por el PP.
Este debilitamiento de Vox está conectado con otra particularidad de la fotografía demoscópica andaluza, la condición de Juan Manuel Moreno (PP) de único candidato desde que se abrió el ciclo electoral en Extremadura para el que los sondeos ven factible la mayoría absoluta.
Juventud y campo. Los porcentajes de intención de voto directa a Vox en los jóvenes de 18 a 24, 25 a 34 y 35 a 44 años son del 15,3%, el 11,3% y el 10,4%, respectivamente, según el barómetro preelectoral del CIS en Andalucía, con más de 8.000 entrevistas. La media de los tres grupos, del 12,3%, es menor que la que arrojaron las encuestas similares en Extremadura, Aragón y Castilla y León, y también menor que la de España.

Esto es un golpe para Vox. Sobre todo, porque afecta a su posición en la clasificación, haciendo inviable ese discurso por el que se presenta como el partido preferido de los jóvenes. Ni es líder entre los jóvenes, ni se acerca. Vox no solo queda por detrás del PSOE en intención de voto en estos tres grupos, sino que es superado por Adelante Andalucía de 25 a 34 años. Nada que ver con la imagen que mostraban las encuestas antes de las otras autonómicas. Si el segundo era su puesto más habitual, en Castilla y León era incluso el partido con mayor intención de voto hasta los 34. El panorama aún pinta peor para Vox mirando la encuesta preelectoral del Centro de Estudios Andaluces (Centra), con 8.000 entrevistas. Ahí Gavira y los suyos son cuartos de 18 a 24, por detrás del PP, el PSOE y Adelante Andalucía, y quintos entre 25 y 44, donde también se les cuela Por Andalucía.

En Andalucía, Vox también pierde fuelle en el campo. Su intención de voto entre agricultores, trabajadores agropecuarios, forestales y pesqueros es del 19,9%, lejos del 41,7% del PP. Es la comunidad en la que Vox aparece más débil en relación con su competidor en la derecha. Antes de las elecciones de Aragón y Castilla y León, incluso iba por delante del partido de Jorge Azcón y Alfonso Fernández-Mañueco. En España, de hecho, es líder en intención de voto en este sector.
Se trata de un segmento que no solo es clave por el peso del campo y sus tradiciones en la incesante batalla cultural, sino también por su importancia demográfica y económica. Andalucía es la tercera comunidad en el que hay un mayor porcentaje de trabajadores activos dedicados al campo, con un 8%, solo por detrás de Extremadura y la Región de Murcia, según datos del INE. En provincias como Almería, Huelva y Jaén, el porcentaje supera el 17%.

En su minuto de oro del debate del lunes, Gavira también se dirigió una y otra vez al campo, y prometió un gobierno que plante cara a quienes “amenazan su modo de vida”. Pero Moreno y sus candidatos también prodigan actos en este frente, compitiendo con Vox en énfasis en la defensa de las tradiciones, en especial la tauromaquia, con profundo arraigo en el mundo rural. Moreno ha logrado apuntarse un tanto apareciendo como la figura más próxima al popular torero Morante de la Puebla, aunque el matador es amigo de Abascal.

Al analista de datos electorales Juan Francisco Caro, director del instituto de investigación social Opina 360, le parecen “llamativos” los datos de Vox tanto entre los jóvenes como entre los trabajadores del campo. De los primeros, afirma que los grupos hasta los 45 años han sido “uno de los factores principales de crecimiento” del partido desde hace dos años, pero ahora en Andalucía se detecta un “enfriamiento”. Y en cuanto al terreno agrícola, observa que los números indican que el discurso de Vox, de oposición firme a Mercosur y el Pacto Verde y siempre con el PP y el PSOE apareciendo como culpables de los problemas del campo, da síntomas de estar “flojeando” en Andalucía.
Católicos. A diferencia del voto joven y agrícola, en el voto católico Vox no ha llegado nunca a competir de tú a tú con el PP, aunque sí a comerle terreno. Partiendo de más abajo, también ahí Vox sufre desgaste. La diferencia favorable a Moreno con respecto a Gavira en este segmento es mayor que la que disfrutaban María Guardiola en Extremadura, Azcón en Aragón y Mañueco en Castilla y León con respecto a sus rivales de Vox, y también mayor que la que disfruta Alberto Núñez Feijóo con respecto a Abascal.

En ninguna comunidad de las integradas en el actual ciclo electoral la intención de voto al PP en este grupo es mayor ni la de Vox menor que en Andalucía. La brecha entre el 49,35% del PP y el 9,3% de Vox es especialmente relevante en una comunidad en la que el 57% de la población se declara católica, la que más empatada con Castilla y La Mancha, 11 puntos por encima que en el conjunto de la población, según el barómetro específico sobre religiosidad realizado en 2025 por la Fundación Pluralismo y Convivencia, con más de 4.700 entrevistas. A todos ellos ha dirigido un mensaje en plena campaña la asamblea de los obispos andaluces enfatizando la necesidad de “acogida al inmigrante”. Sin mencionar a partidos concretos, su llamamiento ha sonado distante con el discurso de la “prioridad nacional” que vertebra la campaña de Vox.
Clase trabajadora. Si la juventud y el campo han sido puntos fuertes de Vox y el catolicismo un terreno en el que iba reduciendo la diferencia con el PP, la intención de voto a la ultraderecha entre quienes se consideran “clase trabajadora” venía siendo mirada con lupa para evaluar si Abascal lograba seguir los pasos de Marine Le Pen en Francia y ganar posiciones en un electorado tradicionalmente izquierdista. Pero también aquí Andalucía depara malas noticias a Vox.
El 20,3% de Moreno y el 3,6% de Gavira dibujan un panorama diferente al que se ha observado en la antesala de las citas electorales desde diciembre —sobre todo, en Castilla y León— y también muy distinto al que detecta el CIS a escala estatal. Aunque el PSOE sigue siendo el partido que manda en este apartado, también se ve cómo Moreno disfruta de una ventaja ante Vox que otros líderes conservadores no tienen.

Estudios superiores. A todo esto se suma que hay segmentos donde el PP de Moreno directamente apabulla a Vox en intención de voto. Un ejemplo destacado es la población que tiene estudios superiores. No es que haya sido nunca el fuerte de la ultraderecha, pero en la comunidad más poblada de España toca fondo dentro del presente ciclo electoral, mientras el PP toca techo. La brecha es de 40,8% a 5,4%.

Juan Francisco Caro, de Opina 360, señala que hay dos factores que están incidiendo en el “enfriamiento” de Vox, observable en las elecciones de Castilla y León y que se viene confirmando en sucesivas encuestas, de manera especialmente aguda en Andalucía. El primero es nacional. “Vox está en un momento de pájara, creo que fundamentalmente por el error estratégico de no haber dejado pasar los gobiernos del PP en solitario”, señala Caro, que ve en el bloqueo primero y en la incorporación a dos gobiernos después, sin contemplar la opción de de facilitar la investidura desde fuera, la principal razón del frenazo del partido de Abascal, no en sus problemas internos ni en su posición a favor de Donald Trump ni de la guerra de Irán.
El segundo factor, añade, es el propio Moreno, “una figura capaz de atraer una gran cantidad de voto de la derecha”, hasta el punto de que un 29,4% de que en 2022 dieron su papeleta a Macarena Olona en 2022 prevén apoyar ahora al candidato popular, según el CIS. Su tirón es tal que, recalca Caro, sería un error “extrapolar” la correlación de fuerzas en la derecha que arroje Andalucía a la política nacional.
España en EL PAÍS
