El juicio a Lindsay Clancy se acerca a su fin: psicólogos de la acusación y la defensa chocan sobre qué llevó a la madre a matar a sus hijos

La habitualmente tranquila localidad de Plymouth, en el noreste de Estados Unidos, asiste este martes a uno de los últimos días del juicio a Lindsay Clancy, la enfermera que el 24 de enero de 2023 mató a sus tres hijos, de entre 5 años y ocho meses, con bandas elásticas en el sótano de su casa, y que luego se intentó suicidar. Antes de que se oigan los alegatos finales y de que el jurado se retire para tomar una decisión sobre un caso que ha conmocionado al país, un testigo de la acusación ha parecido romper la estrategia de la defensa con una descripción de las dolencias psíquicas de Clancy muy distinta de la que los testigos de la defensa habían dado en las últimas semanas en este tribunal. “Mi opinión clínica es que es responsable de sus actos desde el punto de vista criminal”, ha dicho tajante el psicólogo forense Kirk Heilbrun.

Seguir leyendo

 Un experto atribuye el crimen a una fuerte depresión de la madre y a su deseo de que los niños no sufrieran si ella se suicidaba. Tras los alegatos finales, el jurado se retirará para decidir el veredicto  

La habitualmente tranquila localidad de Plymouth, en el noreste de Estados Unidos, asiste este martes a uno de los últimos días del juicio a Lindsay Clancy, la enfermera que el 24 de enero de 2023 mató a sus tres hijos, de entre 5 años y ocho meses, con bandas elásticas en el sótano de su casa, y que luego se intentó suicidar. Antes de que se oigan los alegatos finales y de que el jurado se retire para tomar una decisión sobre un caso que ha conmocionado al país, un testigo de la acusación ha parecido romper la estrategia de la defensa con una descripción de las dolencias psíquicas de Clancy muy distinta de la que los testigos de la defensa habían dado en las últimas semanas en este tribunal. “Mi opinión clínica es que es responsable de sus actos desde el punto de vista criminal”, ha dicho tajante el psicólogo forense Kirk Heilbrun.

Pero una opinión tan categórica ha quedado a los pocos minutos puesta en entredicho por el abogado Kevin Reddington, que ha sometido al testigo a un durísimo interrogatorio en el que ha quedado claro, entre otras cosas, que Heilbrun no es experto en depresión posparto ni en psicosis posparto, los dos trastornos mentales sobre los que gira un juicio que también ha mostrado cómo la división ideológica se contagia hasta a los casos más truculentos.

Según los testimonios en estas semanas, la acusada era una madre amorosa y dedicada. Incluso la defienden dos personas que podrían tener motivos para arremeter contra ella por haber sufrido el desgarro brutal de perder a Cora, de 5 años, Dawson, de 3, y Callan, de ocho meses: su exmarido y padre de los niños y su suegra y abuela de los pequeños.

El testigo de la Fiscalía no ha discutido nada de esto. Pero sí la ha descrito como alguien que fue capaz de tener pensamientos racionales en los 18 o 20 minutos que duró el horror en el que mató a sus hijos: como responder a una llamada de su marido, al que había enviado a hacer unos recados, o incluso, según dijo, “decidir a quién mataba primero y cómo hacer para que el resto no entrara en pánico mientras tanto”. En ese momento, pareció como si las decenas de periodistas y curiosos que atendían la sesión en el Tribunal Superior de Plymouth tuvieran que tragar saliva para continuar con la narración del horror.

Según Heilbrun, la dolencia de Clancy se parecía más a un trastorno bipolar, acompañado de depresión, pensamientos suicidas y de la idea de que los niños iban a sufrir si ella se iba. Y no tanto a una psicosis posparto que le habría llevado a oír voces que le exigían que acometiera la macabra tarea. La distinción es importante, porque en el primer caso sería responsable penalmente, por lo que pasaría el resto de su vida en prisión, y en el segundo sería considerada inocente e iría a un centro psiquiátrico en el que trataría de recuperarse.

Para lograr la absolución, la ley de Massachusetts establece que la defensa debe convencer al jurado de que Clancy era incapaz de comprender que sus actos eran ilegales o de ajustar su conducta a las exigencias de la ley. Pues bien, según este criterio, Heilbrun considera que la acusada es culpable porque cree que era consciente de la ilegalidad de sus actos mientras los cometía. Otro testigo de la Fiscalía, el psiquiatra Avram Mack, también declaró la semana pasada que consideraba a Clancy responsable porque, según dijo, sabía que sus acciones eran erróneas.

Tras las preguntas de la fiscal, llegó el turno del abogado Reddington. Y ahí no hubo compasión. Lo acorraló. En alguna ocasión en la que a Heilbrun se le escapaba una risilla nerviosa, le preguntó si todo esto le parecía divertido. Y cuando se iba por las ramas, le exigía con insistencia que se limitara a responder sí o no.

Pero lo más demoledor fueron las dudas que lanzó sobre la capacidad del psicólogo para comparecer en ese juicio. Porque quedó claro que solo vio a Clancy tres años después de que ocurriera el crimen. Que en su larguísima trayectoria profesional se había especializado en asuntos como la violencia juvenil y el abuso de drogas, pero no en la depresión posparto ni en la psicosis posparto. Y la situación rozó ya lo cómico cuando, de todas sus publicaciones, solo encontró una de 1982, hace casi medio siglo, en la que abordó esa temática.

En estas cuatro semanas de juicio celebrado en la idílica ciudad costera de Plymouth, cerca de la famosa zona de vacaciones de Cape Cod, se ha contado con mucho detalle cómo la salud mental de la acusada se deterioró de forma muy importante a partir de su tercer parto. Expertos de la defensa contaron también que Clancy había oído una voz masculina que le exigía que diese muerte a sus hijos. Pero Heilbrun duda de que esta sea la explicación más plausible.

La idea de escuchar una voz durante un brote psicótico, aseguró el experto el lunes, ofrecía a Clancy “una forma conveniente de aligerar su propia culpabilidad”. Heilbrun consideró “muy poco usual” la narración de la acusada, que dijo que nunca había oído esa voz masculina antes del día fatal. Y que nunca la oyó después de estrangular a sus hijos en su vivienda de la localidad de Duxbury. Pese a que es una “posibilidad” que alguien oiga voces alucinatorias solo una vez, según el experto es algo muy raro”. “Ella lo experimentó solo durante los 18 minutos que tardó en matar a los niños. Y por decirlo de una manera suave: esto sería un patrón muy, muy inusual de cómo surgen estas cosas”, aseguró el experto de la acusación.

Tras más de cuatro semanas de juicio, faltan aún por conocer los alegatos finales de la defensa y la acusación. Será entonces cuando el jurado podrá retirarse a deliberar si considera culpable a Clancy, en cuyo caso pasará el resto de su vida en prisión, o si, a la vista de la grave enfermedad mental que padecía, conviene recluirla en una institución psiquiátrica.

 Sociedad en EL PAÍS

Noticias Similares